Hola, de nuevo.
Hola, improbable lector.
Hace veintiún años estaba en esta misma situación: quería, entonces, entrar en aquel cuento de las bitácoras —tan en boga por aquel tiempo— y probar suerte escribiendo y autopublicándome. En ese momento, tan narcisista como lego en estas vainas, hice mi primera publicación, la cual hoy, junto con el historial casi completo del blog, oculté por pudor.
Hace veintiún años estaba en esta misma situación: quería, entonces, entrar en aquel cuento de las bitácoras —tan en boga por aquel tiempo— y probar suerte escribiendo y autopublicándome. En ese momento, tan narcisista como lego en estas vainas, hice mi primera publicación, la cual hoy, junto con el historial casi completo del blog, oculté por pudor.
Ahora, aunque con más años y menos excusas para no mejorar lo hecho en el pasado, vuelvo a intentar publicar, pero ya no tanto por la necesidad de darme a leer, sino más bien como un ejercicio terapéutico para obligarme a escribir.
Acá entre nos, llevo casi cinco años sin hallarle el ritmo a una novela —la segunda— que se supone que ya debería estar, al menos, en un primer borrador. Sin eufemismos: se me han escapado las ganas entre la pandemia, la depresión y el golpe definitivo de los generadores de lenguaje que, de cierta forma, hacen de este oficio algo cada vez menos relevante, aunque para mí sea hoy el último bastión de humanidad que me queda.
Liberado ya del yugo del escritor por hacer algo aceptable (en el entendido de que con la ayuda de cualquier motor de IA se puede hacer una publicación), posteo esta entrada como inauguración (reinauguración) de este blog abandonado. Con que se me caliente de nuevo el pulso para encontrar el camino que se me refundió, me daré por bien servido.
Hasta pronto.
Acá entre nos, llevo casi cinco años sin hallarle el ritmo a una novela —la segunda— que se supone que ya debería estar, al menos, en un primer borrador. Sin eufemismos: se me han escapado las ganas entre la pandemia, la depresión y el golpe definitivo de los generadores de lenguaje que, de cierta forma, hacen de este oficio algo cada vez menos relevante, aunque para mí sea hoy el último bastión de humanidad que me queda.
Liberado ya del yugo del escritor por hacer algo aceptable (en el entendido de que con la ayuda de cualquier motor de IA se puede hacer una publicación), posteo esta entrada como inauguración (reinauguración) de este blog abandonado. Con que se me caliente de nuevo el pulso para encontrar el camino que se me refundió, me daré por bien servido.
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